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Talavera de la Reyna cuenta con una amplia gama de diseños tradicionales y modernos,
aquí una muestra.

Randa colores |
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Conchitas con paloma |

Conchitas azul cobalto |
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Rositas |

Caracol amarillo |
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Malla café |

Plumeado con amarillo |
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Ondas colores |

Casa vieja |
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Bola azul |

Blanco y negro (1) |
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Blanco y negro (2) |

Blanco y negro (3) |
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Caracol azul |

Plumeado sencillo |
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Plumeado con jalones |

Casa Puebla |
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Cervantes |

Bola amarilla |
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Mandarín |

Américas en verde |
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Diseño especial: Pescados 1 |

Diseño especial: Pescados 2 |
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Diseño especial: Gatos 1 |

Malla azul |
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El proceso de fabricación de la loza blanca y el azulejo se ha mantenido prácticamente
sin variación desde su origen hasta hoy. Los cambios han tendido al aspecto
decorativo, no así a la parte mecánica.
Dos son las clases de barros que se utilizan: uno de color
parduzco, denominado negro que procedía originalmente de
las inmediaciones del cerro de Loreto; el otro blanco rosado, llamado
blanco, que existe
en grandes cantidades en el rumbo de Totimehuacan, municipio
ubicado en el perímetro de la ciudad.
- Las arcillas se combinan en cantidades
iguales y la mezcla
se deposita en tanques donde se disuelve con agua,
separándose la arena, las piedras y materias orgánicas por medio
de un tamiz ubicado en la parte
inferior. Pasa a un segundo depósito, donde se tamiza
otra vez, y luego a los tanques de decantación donde
se deja reposar, asentándose
la arcilla
al fondo. El agua se elimina por medio de un sistema
de cañerís bajo las paredes de los depósitos.
- Tras
quince o veinte días a la intemperie, la masa se
transporta al barreal, sitio en que el barro permanece
almacenad por
lo menos durante
dos meses antes de ser utilizado.
- El barro se amasa
con los pies, en porciones más o menos pequeñas.
Los artesanos se pasean sobre la masa, yendo
y viniendo en circunferencias concéntricas del
centro a los bordes y
de regreso, volteando la masa hasta
darle punto, esta parte del proceso de conoce
como repisado. Con la masa se forman trozos de 40 x
15 cm llamados tallas, de los que
se toman los
necesarios para tornear piezas o fabricar azulejos.
- De
las tallas se cortan pedazos de barro más o menos
iguales, las balas, que se colocan sobre una superficie
plana de madera
de las
dimensiones deseadas y se aplastan uniformemente,
recortándose los bordes con alambre delgado.
Después se colocan
sobre tablones o
secadores especiales
donde se quedan de seis a ocho días.
- Se juntan
pora separarse en treinta a cuarenta días y pasan
cuatrapeados por otro mes, asoléandose
uno o dos días antes de
entrar
al primer cocimiento o jahuete.
- La cocción
es doble, primero se obtiene el jahuete a una temperatura
de rojo claro,
tras el esmalte y decorado se procede
a un
segundo proceso de cocimiento para la fundición
de los colores. El jahuete se hace en un
horno cuadrangular, parecido al que
se emplea en la fabricación
de ladrillo o teja.
- Una vez cocidos los
objetos, se revisan para separar los buenos de los
malos, esto se
determina con pequeños golpes en las
piezas que deben emitir un sonido acampanado.
Sólo lo seleccionado se esmalta tras
la limpieza con escobeta y agua.
- El proceso de esmaltado
y vidreado consiste en cubrir las piezas con un barniz
blanco
sobre el que se realizará el decorado.
La
operación se denomina baño, y sirve
también para impermeabilizar las piezas y darles
brillo. El barniz se aplica por inmersión,
introduciendo rápido
la pieza completa en un recipiente.
El barniz, denominado alarca, se realiza
con una mezcla de plomo, estaño y arenilla, en
un pequeño horno de fuego
directo, la padilla o pailla.
- La demanda
y conservación de las piezas de talavera depende
en buena parte
del decorado. Cuando los objetos
se han recubierto con
el esmalte, se procede a pintarlos
con pinceles hechos por los alfareros,
con los colores minerales diluidos
en agua. Este procedimiento se denomina
pintar al crudo. Los colores se aplican
en capas delgadas
o gruesas sin
sobreponerse en ningún caso.
- Para entrar
a la segunda cocción, en la que los colores se funden,
las piezas
se introducen en cajuelas cilíndricas
de barro, de distintos
diámetros y alturas, cubiertas
totalmente, tanto
al exterior
como al interior, con una lechada o mezcla de ceniza
y barro.
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